

El esclavo : simple roce. Me tumbé a su lado y le dejé disfrutar de ese momento. Le agradecí que mientras se recuperaba me acariciara suavemente el cabello. Después de un rato me preguntó si tenía hambre. Le dije que sí pensando que se refería a mis ganas de sexo. Se fue a la cocina y trajo un huevo del frigorífico. Aproveché para limpiarme de su semen que a medida que se secaba me hacía cosquillas. Me puso de pie y empezó a besarme con pasión. En la primera fase, su lengua acarició muy despacio mis labios. Después me penetro, pero en vez de buscar mi lengua, recorrió mis dientes. La sensación que me provocaba era tan agradable que sentí cómo todo mi cuerpo se relajaba. Parecía que toda mi sangre se concentraba en mi vagina.